

Llega agosto, llenamos el maletero, subimos a la familia al coche y ponemos rumbo a nuestro destino. Hasta ahí, todo controlado. Pero antes de salir aparece una de esas dudas que regresan cada verano: con tanto calor, ¿hay que cambiar la presión de los neumáticos?
La pregunta tiene bastante lógica. Sabemos que el aire se dilata con el calor y, además, después de recorrer unos cuantos kilómetros la presión que marca el neumático es mayor que cuando empezamos el viaje.
Entonces, ¿hay que quitarle algo de aire? ¿Conviene poner más porque llevamos el coche cargado? ¿O mejor no tocar nada?
Vamos por partes, porque aquí hay algún mito bastante extendido.
Empecemos por lo básico.
Cuando circulamos, el neumático se calienta. Lo hace por la temperatura del asfalto, por la temperatura ambiente y, sobre todo, por el propio trabajo que realiza al rodar y deformarse continuamente.
Al aumentar su temperatura, también aumenta la presión del aire de su interior.
Hasta aquí, todo normal.
El error aparece cuando, después de conducir durante un rato, paramos en una estación de servicio, comprobamos las ruedas y vemos una presión superior a la recomendada por el fabricante.
La tentación es inmediata: «Le sobra aire. Voy a quitarle un poco.»
Pues no.
Ese incremento de presión es consecuencia natural del calentamiento del neumático. Si lo desinflamos cuando está caliente, probablemente acabaremos circulando con una presión demasiado baja cuando vuelva a enfriarse.
Por eso, la referencia que debemos utilizar es siempre la presión recomendada por el fabricante y medida, preferiblemente, con los neumáticos fríos.

La misma pregunta tiene una respuesta bastante sencilla: la que indique el fabricante de tu coche para las condiciones en las que vas a utilizarlo.
No existe una presión universal para el verano.
Ni 2,2 bar sirven para todos los coches, ni hay que añadir automáticamente 0,2 o 0,3 bar porque haga mucho calor.
Cada vehículo tiene unas presiones determinadas en función de sus características, neumáticos, ejes y carga.
Normalmente puedes encontrar esta información en alguno de estos lugares:
Y aquí viene un detalle importante que a veces pasa desapercibido: muchos coches indican dos presiones distintas.
Una para una utilización normal y otra cuando circulamos con el vehículo cargado.
Precisamente la situación más habitual cuando nos vamos de vacaciones.
Puede que sí.
Pero, de nuevo, no debemos hacerlo a ojo.
Si viajamos solos durante todo el año y de repente hacemos un trayecto de varios cientos de kilómetros con cuatro o cinco ocupantes, maletas y un maletero aprovechado al milímetro, las condiciones cambian bastante.
El neumático tiene que soportar más carga y el fabricante puede establecer una presión superior para esa situación.
La propia DGT insiste en sus recomendaciones para los desplazamientos de verano en comprobar que la presión de los neumáticos sea adecuada a la carga del vehículo.
Por eso merece la pena mirar esa pequeña tabla que tenemos en la puerta, en la tapa del combustible o en el manual. Es posible que encontremos una indicación específica para viajar a plena carga.
Y esa es la que debemos seguir.
Falso.
Que la presión aumente al calentarse el neumático no significa que tengamos que compensarla quitando aire.
Las presiones indicadas por el fabricante están pensadas para comprobarse con los neumáticos fríos.
Si llevamos un buen rato circulando y vemos que la presión ha aumentado, entra dentro de lo normal.
De hecho, nunca es buena idea desinflar un neumático simplemente porque al medirlo en caliente marque más presión.
Se puede mirar, claro. Y si sospechamos que alguna rueda está perdiendo aire, debemos hacerlo.
Pero no es el mejor momento para realizar un ajuste preciso.
Después de circular durante bastantes kilómetros, los neumáticos están calientes y la lectura será superior a la que obtendríamos en frío.
Lo ideal es comprobar las presiones antes de comenzar el viaje, cuando el coche lleva un tiempo parado.
Por ejemplo, esa misma mañana antes de salir.
Mucho más sencillo y mucho más fiable.
Este es probablemente uno de los más peligrosos.
Un neumático puede tener una presión incorrecta sin que resulte evidente a simple vista. Los neumáticos actuales, especialmente los de perfil bajo, pueden disimular bastante bien una pérdida de presión.
Y conducir con una presión demasiado baja no es precisamente inocuo.
Puede provocar un desgaste irregular, aumentar la temperatura del neumático, modificar el comportamiento del coche e incrementar el consumo de combustible.
Una presión excesiva tampoco es la solución: también altera la forma en la que el neumático apoya sobre el asfalto y puede favorecer un desgaste irregular.
Así que el método de agacharse, mirar la rueda durante tres segundos y pensar «parece que está bien» no es especialmente científico.
Un manómetro nos va a dar bastante más información.
Ojalá fuera tan sencillo.
La profundidad del dibujo es uno de los elementos que debemos revisar, pero no el único.
Antes de un viaje largo conviene echar un vistazo también a posibles cortes, grietas, deformaciones o desgastes irregulares.
Y, por supuesto, a la presión.
Un neumático puede tener todavía muchos kilómetros de dibujo por delante y estar trabajando mal simplemente porque lleva meses circulando con una presión incorrecta.
Por eso revisar los neumáticos significa algo más que mirar cuánto dibujo queda.
Como norma práctica, una vez al mes es una buena costumbre.
Y hay dos momentos en los que merece especialmente la pena hacerlo: antes de realizar un viaje largo y cuando vayamos a circular con una carga superior a la habitual.
Es decir, exactamente lo que suele ocurrir durante las vacaciones.
Además, no debemos olvidarnos de revisar las cuatro ruedas. Parece obvio, pero a veces prestamos especial atención a las delanteras y dejamos las traseras en segundo plano.
Y si nuestro vehículo lleva rueda de repuesto convencional, tampoco está de más comprobarla de vez en cuando. Descubrir que está sin presión justo el día que la necesitamos no mejora especialmente unas vacaciones.
Los sistemas TPMS que incorporan muchos vehículos actuales son una ayuda importante, pero no sustituyen completamente una revisión periódica.
Su función principal es alertarnos cuando detectan una pérdida o una presión anormal.
No significa que podamos olvidarnos de las ruedas hasta que se encienda un testigo en el cuadro.
Además, después de modificar las presiones en algunos vehículos puede ser necesario reiniciar o recalibrar el sistema siguiendo las instrucciones del fabricante.
No hace falta convertir la revisión de los neumáticos en una operación complicada.
Antes de un viaje largo basta con dedicar unos minutos a:
La propia DGT incluye entre sus recomendaciones antes de viajar la revisión de la presión y el estado de los neumáticos, así que no estamos hablando precisamente de un detalle menor.
Y después, a viajar.
Sin inventarnos presiones especiales «para verano», sin sacar aire porque la rueda esté caliente y sin utilizar el clásico método de darle una patada al neumático para comprobar si está bien.
Ese último, por cierto, sigue sin aparecer en ningún manual del fabricante.
Los neumáticos son el único punto de contacto entre nuestro coche y la carretera y, sin embargo, la presión sigue siendo una de esas cosas de las que muchas veces solo nos acordamos antes de un viaje.
Si vas a salir estos días y no tienes claro qué presión corresponde a tu vehículo, has detectado un desgaste extraño o simplemente quieres asegurarte de que todo está en orden, en los centros GnG podemos revisar el estado y la presión de tus neumáticos.
Son unos minutos.
Y cuando quedan unos cuantos cientos de kilómetros por delante, merece la pena empezar el viaje con esa tranquilidad.