

¿Por qué mi coche consume más combustible? Si últimamente visitas la gasolinera más de lo habitual, haces recorridos similares y no has cambiado especialmente tu forma de conducir, ese aumento del consumo puede tener una explicación mecánica.
No siempre significa que exista una avería. La conducción urbana, los trayectos cortos, llevar más peso o utilizar determinados sistemas del vehículo pueden aumentar el gasto. Pero si ese incremento aparece sin una razón aparente y se mantiene en el tiempo, merece la pena prestarle atención. Hay varios elementos del vehículo que pueden estar detrás de ese mayor consumo.
De hecho, controlar el consumo no solo sirve para saber cuánto gastamos. También puede ayudarnos a detectar que algo no está funcionando como debería.
Estas son siete causas que conviene revisar.
Empecemos por una de las causas más sencillas y frecuentes.
Cuando los neumáticos tienen menos presión de la recomendada, aumenta su resistencia a la rodadura. Dicho de otra manera: al coche le cuesta más avanzar y el motor necesita hacer un esfuerzo mayor para mantenerlo en movimiento.
El resultado es un mayor consumo de combustible y, además, un desgaste más rápido e irregular de los neumáticos.
Según el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), circular con una presión 0,3 bares inferior a la indicada por el fabricante puede provocar aproximadamente un 3 % de sobreconsumo.
Por eso es recomendable comprobar periódicamente la presión, siempre siguiendo los valores establecidos por el fabricante para nuestro vehículo y teniendo en cuenta la carga.

Para funcionar correctamente, el motor necesita combustible, pero también aire.
El filtro de aire se encarga de impedir que polvo, suciedad y otras partículas entren en el motor. Con el paso de los kilómetros va acumulando suciedad y, si se obstruye demasiado, puede dificultar el flujo de aire necesario para una combustión eficiente.
Un filtro en mal estado puede acabar afectando al rendimiento del motor y al consumo.
No existe un intervalo de sustitución idéntico para todos los coches. Dependerá del vehículo, del tipo de filtro y también de las condiciones en las que circule habitualmente. Por eso conviene respetar los intervalos de mantenimiento establecidos por el fabricante.
El aceite reduce la fricción entre las piezas móviles del motor y permite que trabajen correctamente. Con los kilómetros y el tiempo va perdiendo propiedades, de ahí la importancia de sustituirlo cuando corresponde.
También es importante utilizar un aceite que cumpla las especificaciones establecidas por el fabricante. No todos los lubricantes son apropiados para todos los motores.
Retrasar los cambios de aceite y filtros puede afectar al funcionamiento del vehículo y contribuir a que el motor trabaje de forma menos eficiente.
Y aquí aparece una idea importante: retrasar el mantenimiento para ahorrar puede terminar produciendo precisamente el efecto contrario.
Si el coche no rueda correctamente, el motor tiene que vencer una resistencia mayor para desplazarlo.
Una alineación incorrecta puede provocar que las ruedas no trabajen en la posición adecuada. Además de producir desgaste irregular en los neumáticos o hacer que el vehículo tienda a desviarse hacia un lado, puede aumentar la resistencia a la rodadura.
También pueden existir otros problemas mecánicos que dificulten el avance normal del vehículo, por ejemplo algún componente del sistema de frenos que no libere correctamente.
Si notas que el coche parece ir más «pesado», se desvía, presenta desgastes extraños en los neumáticos o ha aumentado su consumo, conviene comprobar qué está ocurriendo.
Los coches actuales controlan continuamente parámetros como la cantidad de aire que entra al motor, la temperatura, la mezcla de combustible o los gases de escape.
Para hacerlo utilizan diferentes sensores y sistemas electrónicos. Cuando alguno de ellos proporciona una lectura incorrecta, la gestión del motor puede dejar de ser todo lo eficiente que debería.
Inyectores, bujías en los motores que las utilizan, sensores o determinados elementos de los sistemas de admisión y escape pueden estar detrás de un incremento anormal del consumo.
En ocasiones aparecerá un testigo en el cuadro de instrumentos. En otras, el primer indicio puede ser simplemente que el coche gasta más, pierde prestaciones, arranca peor o no responde exactamente como antes.
Una diagnosis permite comprobar si existen errores registrados y orientar la revisión hacia la causa real del problema.
No todas las causas están debajo del capó.
Circular habitualmente con objetos innecesarios en el maletero supone mover más peso cada vez que utilizamos el coche. Y cuanto mayor sea el peso que tiene que desplazar el vehículo, mayor será la energía necesaria, especialmente en arranques y aceleraciones.
Todavía más evidente es el efecto de elementos exteriores como bacas, cofres de techo o portabicicletas. Alteran la aerodinámica del vehículo y aumentan la resistencia al aire, algo que se nota especialmente al circular por carretera a velocidades elevadas.
Si has instalado alguno de estos elementos y ya no lo necesitas, retirarlo puede ayudarte a recuperar parte de la eficiencia habitual del coche.
Cuando nos preguntamos “¿por qué mi coche consume más combustible?”, antes de pensar que existe una avería conviene comprobar si lo estamos utilizando igual que antes.
Dos depósitos consecutivos pueden ofrecer consumos bastante diferentes sin que exista ningún problema mecánico.
Los recorridos urbanos, los atascos, los trayectos muy cortos con el motor frío, las aceleraciones frecuentes o una conducción menos uniforme aumentan el consumo. También pueden influir la carga del vehículo y el uso de la climatización.
Por eso no conviene sacar conclusiones por un único depósito.
Lo realmente interesante es observar la tendencia. Si durante varias semanas o varios repostajes el consumo se mantiene claramente por encima de lo habitual haciendo recorridos similares, entonces sí merece la pena buscar la causa.
No existe una cifra válida para todos los vehículos.
El consumo depende del motor, peso, aerodinámica, tipo de combustible, tráfico, temperatura, recorrido, carga y forma de conducir, entre muchos otros factores. Incluso el dato homologado por el fabricante no tiene por qué coincidir exactamente con el que obtengamos en nuestro uso cotidiano.
Por eso, una de las mejores referencias es nuestro propio historial.
Si normalmente tu coche ronda un determinado consumo y, sin cambios importantes en el uso, comienza a gastar de forma sostenida bastante más, esa variación es más significativa que compararlo con otro vehículo.
Puedes comprobarlo fácilmente anotando los litros repostados y los kilómetros realizados entre depósitos. Muchos coches también muestran el consumo medio en el ordenador de a bordo.
Un pequeño aumento puntual no tiene por qué preocuparnos. Pero conviene revisar el vehículo cuando el incremento es claro, se mantiene durante varios depósitos y no encontramos una explicación en nuestro tipo de conducción o recorridos.
Hay otros mantenimientos que pueden pasar desapercibidos hasta que empiezan a dar síntomas. Por eso, además del consumo, conviene estar atentos a cualquier cambio en el comportamiento habitual del coche.
Especialmente si, además del aumento de consumo, aparecen otros síntomas: pérdida de potencia, tirones, dificultad de arranque, humo anormal, vibraciones, olores extraños o algún testigo encendido en el cuadro.
Si la pregunta “¿por qué mi coche consume más combustible?” sigue sin tener una respuesta clara, el consumo puede ser una pista de que algo necesita revisión.
En GnG podemos revisar los elementos que pueden estar influyendo en el consumo de tu coche, desde el estado y presión de los neumáticos hasta el mantenimiento del motor, filtros, alineación o diagnosis electrónica.
Porque cuando un coche empieza a gastar más de lo normal, no se trata únicamente de pagar más cada vez que repostamos.